El pasado 24 de octubre, con la necesidad de volvernos a ver como si no nos hubiéramos visto desde hace tiempo (apenas dos semanas antes, en la Patrona), nos reunimos en la hacienda La Andrada para celebrar un día al aire libre, que tanto bien nos hace a todos y más si es alrededor de un generoso arroz campero y una plancha dispuesta de carne variada.

Llegados al lugar, nos saludamos como de costumbre tenemos y dimos buena cuenta de abrazos y recuerdos de anteriores reuniones. Así, bebida en mano nos fuimos colocando como nos apeteció en las mesas que nos dispusieron, y entre plato y plato nos dimos las novedades, si quedaba alguna del tiempo pasado en esta pandemia, con conversaciones amenizadas con el ir y venir de unos y otros al resto de mesas, donde seguíamos con más y más saludos de fraterno encuentro.

Estaban los de siempre y los de nunca. Socios enamorados de lo que somos, de lo que son cada uno y de lo siempre hemos sido: POLILLAS. Y es que se nota, lleves el tiempo que lleves en la asociación, esa frescura del conocido y del más amigo que se encuentra a gusto entre los suyos.

Como siempre, no falta el buen ambiente que no debe decaer entre los asociados, pero sobre todo, no faltan las ganas de pasarlo bien con quien te apetece. Y así lo hicimos. Un fantástico día de hermandad, que acabó subida con copas y música para todos los gustos; o por lo menos de los que la podían elegir del abanico de posibilidades, que daba cada uno de los móviles que estaban conectados a los altavoces. Mientras, los más pequeños disfrutaban de las actividades que habíamos organizado para ellos.

En recuerdo de los que no nos pueden acompañar acabamos entonando el “Adiós Polilla”, como quien sale del colegio y se marcha para otra tierra y así salvaguardarnos de peligros en esta otra, en la que al acabar la tarde dejamos atrás los platos y copas vacías, con la promesa de volvernos a ver pronto en otra igual o mejor. Que será en la Zambomba en Jerez de la Frontera o en las Golondrinas, nuevo reencuentro, de los que ya os daremos buena cuenta.

El pasado 24 de octubre, con la necesidad de volvernos a ver como si no nos hubiéramos visto desde hace tiempo (apenas dos semanas antes, en la Patrona), nos reunimos en la hacienda La Andrada para celebrar un día al aire libre, que tanto bien nos hace a todos y más si es alrededor de un generoso arroz campero y una plancha dispuesta de carne variada

Texto: Juan B. Ramírez Brenes
Fotos: Sergio Muñoz Jiménez

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